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Cómo atajar las manías de perros y gatos

Cómo atajar las manías de perros y gatos

Conseguir que el animal se acostumbre al contacto y la presencia humana es imprescindible para que la convivencia sea más fácil. Por eso, hay que averiguar la causa de algunos comportamientos de nuestras mascotas antes de solucionarlos satisfactoriamente.

Mi perro duerme en mi cama, mi gato araña los muebles, mi mascota se hace pis en cualquier lado… Son comentarios muy habituales entre los dueños de animales domésticos, que generalmente vienen dados por la inexperiencia o dejadez de la persona y no por la rebeldía del animal.

Por lo tanto, es fundamental que el cachorro aprenda cuanto antes lo que en cada casa se considera como comportamiento aceptable y lo que no. Lo contrario puede derivar en una difícil convivencia. 

Educarlos desde el principio

Por ejemplo, si quieres que tu perro duerma en un lugar destinado a él, lo mejor es que lo haga desde el primer día. Es frecuente ver a dueños que no pueden evitar llevarse el cachorro a la cama cuando llora los primeros días tras la separación de la madre. Con esta actitud, está casi garantizado que la mascota elegirá la habitación del dueño como “su habitación” para el resto de sus días.

Para evitar estas desagradables situaciones se pueden poner en práctica el siguiente truco: consolar al animal poniéndole una botella con agua caliente y un reloj con un tic-tac fuerte, lo que le recordará el latir del corazón de su madre.

También los gatos pueden ser educados peses a su fama de independientes. Hay algunas teorías que aseguran que perciben al ser humano como un congénere más cuando desde los primeros días de su vida se aprende a manipular al animal: cogerlo en brazos, acariciarlo, etc.

Aprender mediante el juego

En esas edades tempranas, el gato aprende mediante el juego las reglas esenciales para la vida en grupo y se va percatando de las consecuencias de su comportamiento. Es el caso de los mordiscos, peleas y empujones que los gatitos se dan entre sí alentados por la madre. Gracias a estas peleas, el gato aprende para su vida de adulto cuando su mordedura empieza a causar dolor y la forma en que podrá jugar con sus dueños sin infringir ningún daño.

Por lo tanto si el gatito muerde al dueño, antes que pegar al animal, es más efectivo emitir un pequeño chillido y pellizcar ligeramente la piel del animal hasta que emita el mismo sonido. De esta forma, el gato comprenderá el dolor causado y cesarán este tipo de ataques en los juegos.

Enseña a tu perro a hacer sus necesidades

Paciencia y dedicación son las claves. Se trata según los expertos de aprovechar la tendencia natural del cachorro a mantener limpia su madriguera y de recompensarle cuando lo hace bien.

Para empezar hay que buscarle la zona adecuada, lejos de la comida, el agua y el área de descanso, y colocar unas hojas de papel donde se le trasladará cuando tenga ganas de hacer pis o caca
¿Cómo saberlo? Porque empezará a dar vueltas en circulo y a oler el suelo. Si el cachorro responde adecuadamente y hace sus necesidades sobre los papeles se le premia y sino habrá que repetir una y otra vez esta acción.

Luego, cuando ya salga de paseo habrá que acostumbrarle a que lo haga en la calle cosa que logrará a medida que vaya creciendo. Si hay que castigarle porque se hace pis en casa, queda desaconsejado totalmente frotar el hocico del animal en los excrementos, como hacen algunos dueños.

Los especialistas en comportamiento felino interpretan el rascado como una forma de marcaje territorial, y no solo para afilar las garras como popularmente se suele creer.

Evita que el gato arañe los muebles

El rascado es una conducta de los animales felinos que se muestra en la naturaleza arañando la corteza de los árboles y en el hogar haciendo lo mismo con los muebles o los marcos de las puertas. Es decir, el objeto a rascar suele ser vertical casi siempre.

Los especialistas en comportamiento felino interpretan el rascado como una forma de marcaje territorial, y no solo para afilar las garras como popularmente se suele creer. Es decir, que es una pauta de comportamiento natural del gato y no puede evitarse. Eso sí, se debe dirigir a hacia otro objeto que no sea el armario de la habitación, por ejemplo.

Para ello, se puede adquirir en cualquier tienda especializada un rascador. Los hay de varios tipos pero los más eficaces son los forrados con cuerda natural o con otros materiales rugosos.

El rascador se debe colocar allí donde el gato acostumbra a rascar e intentar a la vez crearle dificultades para que pueda seguir arañando ese objeto. Por ejemplo, si es una silla metiendo un calzo para que sea más inestable o colocando plásticos en las patas del mueble.